(Reseña del disco The World Meets Los Mirlos de Los Mirlos)

¿Qué es lo primero que nos pasa a los peruanos cuando escuchamos cumbia? Ya sea norteña, psicodélica o amazónica, hay algo casi inevitable: menear el cuerpo a su ritmo y, de pronto, dejarnos transportar por esos sonidos. No solamente a Perú, sino a situaciones. Una reunión, una fiesta, un concierto. La música tiene ese poder y más aún cuando uno está lejos de casa.

Algo de esto me sucedió la primera vez que escuché The World Meets Los Mirlos, último disco de estudio de la banda peruana Los Mirlos, publicado el pasado 15 de mayo de este año. Disco que ya había generado expectativas, debido a un video promocional que circuló por redes sociales, bastante simpático y prometedor, dónde anunciaban, no solo este nuevo disco, sino también, los distintos artistas que iban a participar en él. Y que, para serles sinceros, no defraudaron. Es un discazo.

Bastó con escuchar los primeros segundos de Las Noches, canción que abre el disco, para que esos sintetizadores, percusión y guitarras me trasladen hasta Perú, recordando mis fines de semana en Lima en mi época universitaria. Imposible no reconocer ni reaccionar a ese sonido que tanto suena a lo nuestro.

Lo particular del disco es que, mientras para un migrante como yo, escuchar a Los Mirlos desde Madrid es volver al Perú, el objetivo del disco es precisamente el contrario: Llevar la música de Los Mirlos hacia el mundo. Ese es para mí el espíritu del disco.

The World Meets Los Mirlos, nos muestra hasta dónde puede viajar la música de la banda sin dejar de sonar a Los Mirlos. De ahí que el título escogido sea tan acertado.

El disco reúne doce temas donde Los Mirlos participan con artistas tan diversos que van desde Los Bunkers hasta Chicha Libre, pasando por Juanes, Guaynaa, Bomba Estéreo, Los Bitchos o 311, entre otros. Además, el disco llega como la “consolidación” de la internacionalización que están viviendo Los Mirlos en la actualidad, donde han conseguido llevar su música a festivales como Coachella o Roskilde.

Pero, más allá de los nombres de músicos y bandas internacionales que figuran en el disco, lo interesante es ver qué ocurre cuando estos ingresan al universo de Los Mirlos. Porque después de más de cincuenta años, la banda ha desarrollado un idioma propio. Uno que pasa, sobre todo, por la guitarra.

Jorge Rodríguez, voz principal de la banda, ha señalado en distintas ocasiones que esos sonidos eléctricos y psicodélicos, inspirados incluso en los propios sonidos de la Amazonía, son parte fundamental en la identidad del grupo.

Por eso, el disco funciona como una especie de experimento que nos hace plantearnos la siguiente pregunta: ¿Hasta dónde pueden abrir su música Los Mirlos sin dejar de sonar a Los Mirlos?

Adentrándonos en el disco, en algunas canciones, son los invitados quienes entran directamente en su territorio. Las Noches, canción grabada junto a Chicha Libre, oscila entre guitarras psicodélicas y el típico pulso cumbiero que te atrapa en ese bucle sonoro. Otro ejemplo es el caso de La Fuga del Jaguar, grabada con Los Bitchos, dónde sucede algo muy similar con el diálogo que se construye entre psicodelia y sonido amazónico. O, por último, La Luna, grabada con Los Bunkers, donde nos demuestran que incluso una banda fuertemente ligada al rock alternativo, puede “hablarnos” en ese lenguaje “mirlómano”.

En otras canciones, esta relación se invierte. Por ejemplo, en Prieta de mi vida, grabada junto a Guaynaa, me hizo recordar mucho al primer disco de Calle 13. Tiene un sonido “urbano cumbiero” que queda brutal. A pesar de la fusión, es la cumbia quien lleva el volante. Los Mirlos consiguen que el género urbano ingrese en su fiesta.

Lo mismo me sucedió con Amber, grabada con 311 y El Dusty. Aquí no se trata simplemente de mezclar un género latino con otro, Los Mirlos cogen una canción asociada al rock/indie estadounidense y la hacen suya en su propio universo, dando como resultado una cumbia “agringada”. Aquí vemos cómo la cumbia amazónica deja de funcionar como una “etiqueta cultural” y comienza a comportarse como un lenguaje musical.

En cambio, con La Pena, tema grabado con La Coreañera y Funky Munchies, me quedó una sensación distinta. Esta canción se acerca más al género urbano y la cumbia parece acompañar antes que conducir. Es para mí, uno de los momentos menos convincentes del disco, pero también uno de los más interesantes, ya que muestra que estos diálogos musicales no siempre tienen que terminar con Los Mirlos teniendo la última palabra.

Y así llegamos a Eres Mentiroso, tema grabado junto a Bomba Estéreo, que quizás sea una de las colaboraciones más naturales de todo el disco. Colaboración que resulta sublime. Aquí no estamos hablando de dos mundos intentando encontrarse, son dos ramas de una misma genealogía que finalmente se reconocen.

Estas cosas son las que hacen que The World Meets Los Mirlos sea algo más que un álbum de colaboraciones.

Aquí no estamos ante una banda que intenta demostrar que todavía puede ser relevante. Tampoco ante una colección “nostálgica” diseñada para recordar que alguna vez fueron importantes. Las colaboraciones funcionan, precisamente, porque Los Mirlos no parecen preocupados por proteger su legado dentro de una vitrina. Lo utilizan, juegan con él.

Después de cinco décadas, siguen poniendo su sonido a prueba, aceptando que otros músicos lo deformen, lo acompañen o incluso lo lleven hacia lugares que no les pertenecían originalmente. La crítica ha destacado precisamente esa capacidad del álbum para convertir la colaboración en una conversación musical y no simplemente en una colección de nombres prestigiosos.

Y quizá esa sea la verdadera conquista internacional de Los Mirlos. No que el mundo finalmente haya descubierto una banda peruana, sino que el mundo quiera entrar en su música.

Mientras otros artistas llegan con sus propios géneros, sus propias historias y sus propios sonidos, Los Mirlos siguen ahí, con esas guitarras que parecen venir de otros tiempos y que, sin embargo, todavía saben hablarle al presente.

Hoy por hoy, la cumbia reina y Los Mirlos, cincuenta años después, siguen siendo los reyes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *